Rafa Nadal nos ha maleducado. El tenista de Manacor ha convertido en una costumbre su facilidad para ganar partidos, para alzar trofeos. O mejor dicho, para morder las copas que le entregan. Son incontables sus triunfos.
A los aficionados no nos extraña verle de número uno en la clasificación de la Asociación de Tenistas Profesionales. Lo que nos extrañaría es que no lo fuera. Ya hemos olvidado lo que le costó desbancar a Roger Federer, al que muchos consideran el mejor tenista de la historia.
Nadal se ha quejado y con razón de que parece que no tiene mérito lo que hace. Su último triunfo en el Torneo Master 1000 de Roma ha pasado casi desapercibido. Sus gestas ya no ocupan el papel que ocupaban sus primeros triunfos. ¿Qué tiene más mérito, ganar el primer título o ganar el cuarto y mantenerse en la élite?
Sin duda que seguir ganando y mantenerse. Hay muchos ejemplos de deportistas que llegan y besan el santo, pero que posteriormente desaparecen derrotados por la fama y la popularidad mediática.
Confío en que su bajón anímico dure poco. Espero que no esté sintiendo el desgaste que supone el estar durante cinco años en lo más alto del deporte profesional. Ha recorrido muchos kilómetros para llegar hasta donde está, en lo más alto del tenis mundial, pero aún tiene muchos kilómetros por recorrer. Esta temporada puede conseguir otra gesta: ganar los cuatro Grand Slam en un mismo año.
El Open de Australia ya lo ganó y Roland Garros no lo puede perder dentro de dos semanas.¡Ánimo Rafa!.
Por: Luis Miguel Palacios
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