Pocas definiciones son más acertadas que la que aparece en el diccionario del Atlético de Madrid: el pupas. El destino es demasiado caprichoso con los rojiblancos, a los que siempre tiene reservado alguna sorpresa capaz de romper el orden lógico de las cosas. La última, una manita del Racing de Santander en el último partido liguero (5-1). Un auténtico ridículo que les aleja de los puestos que dan acceso a la Liga de Campeones e incluso a la Copa de la UEFA.

Lo mejor de todo es que sus aficionados son inmunes al dolor que provocaría tal situación a cualquier otro aficionado. Y lo peor es que no aprenden nunca la lección.
Deberían de exigir que las camisetas de su equipo que se venden en las tiendas oficiales bajen de precio. O mejor, que las regalen. Se han devaluado hasta límites insospechados. Pero los culpables no son los socios colchoneros, son los jugadores y la directiva. En este caso, además, el orden de los factores no altera el resultado de la suma.
Siempre la misma historia. Ganan un partido y ya piensan en ganar la Liga. Alguien debería recordarles que el título de la regularidad se gana a lo largo de 38 jornadas y casi nueve meses de competición, y no en 90 minutos de un solo día. “Aspiramos a todo”, por compromiso o por ilusa convicción, siempre sale algún iluminado jugador del Atlético que en vez de poner mesura, humildad y sentido común a la más reciente historia de su equipo, se dedica soñar despierto, convirtiéndose en creyente de lo improbable. Como si los socios no supieran de qué va el tema…
Imagen: uefa
Por: Luis Miguel Palacios
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