El resultado de mezclar elementos muy diferentes entre sí puede ocasionar consecuencias no deseadas. Este es el caso de Joan Laporta, que aprovecha la más mínima oportunidad que tiene para confundir lo que es la política y lo que es el deporte. Son dos temas muy distintos que, además, conviene que lo siga siendo, sobre todo para la salud de los deportistas y de los aficionados que ven en ellos a personas dignas de admiración, por su calidad y su esfuerzo.
Evidentemente, estas dos cualidades no están visibles en nuestros políticos si preguntáramos a cualquier ciudadano de la calle.
Laporta es don erre que erre. El próximo verano termina su andadura como presidente del Barcelona. Sin embargo, el poder de las portadas de los periódicos es demasiado goloso como para perderlo de un día para otro. Pues no. El bueno de Joan ha decidido convertirse en la bandera de los independentistas catalanes (que no nacionalistas) para reclamar los derechos de su nación. El presidente del Barcelona olvida que representa a un club con más de 100.000 socios de muy diferente procedencia, no sólo catalana. Olvida que muchos se sienten ofendidos y excluidos de un equipo al que profesan cariño y fidelidad por sus jugadores, no por sus presidentes. Los buenos aficionados culés lo saben y rezan para que llegue lo antes posible el verano.
Imagen: Wikipedia
Por: Luis Miguel Palacios
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