El mundo del fútbol es de difícil compresión. Nada es lo que parece. Los contratos que se firman queda en una gran parte de las ocasiones en papel mojado. La firma del jugador queda para el recuerdo como un mero autógrafo parecido al que se da a cualquier fan. La palabra queda a expensas de los intereses económicos.
Se ha puesto de moda el no cumplir los contratos. El un vicio que comparten los futbolistas, los equipos y, sobre todo, los representantes que cada vez quieren más y más. Los futbolistas se dejan seducir. El amor al escudo ha quedado relegado y ahora se lleva el amor al euro. Los goles que meten no van dedicados a la afición, sino a la junta directiva que intuye la que se le viene encima con una revisión al alza de los emolumentos. Sin embargo, si las cosas van mal, no hay ningún jugador que haya pedido que le revisen la nómina para que le paguen menos porque no se lo merece.
Si los futbolistas reciben alguna oferta mareante se las apañan para hacerse escuchar. Si no… deciden no ir a entrenar alegando la primera lesión que se les ocurra. Incluso también tienen la opción de salir a dar una rueda de prensa para quejarse de lo mal que han sido tratados y que quiere irse a otro equipo en el que les quieran más.
Imagen: Bajo licencia CC
Por: Luis Miguel Palacios
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