Hay pocos tenistas en el panorama nacional que tengan tanto talento como Feliciano López. El madrileño siempre ha sido una fuerza natural que dedicó su potencial al mundo de la raqueta. Sin embargo, los años pasan y no termina de explotar sus condiciones.
Feliciano pasó sus primeros años de vida en Melilla, allí sus adres le regalaron su primera raqueta a los cinco años. De inmediato quedó embrujado por ella. Hasta hoy, nunca se ha vuelto a separar de su gran compañera. A los doce años regresa a Madrid, donde empieza a competir mirando por primera vez con la ilusión de ser algún día profesional.
Los éxitos no le tardan en llegar y gana tres torneos internacionales. La Federación Española de Tenis pone sus ojos en él y le reclutan para el Centro de Alto Rendimiento de Barcelona. El cambio de ciudad supuso una prueba muy dura para él, que por primera vez se separaba de su familia. Esta circunstancia le ayuda a madurar y a progresar en el tenis.
Su salto al profesionalismo fue duro debido a dos fracturas que sufrió, una en cada muñeca, lo que provocó un estancamiento en su tenis. Poco a poco, empieza a ganar sus primeros puntos en torneos satélites, un trampolín que conllevó instalarse entre los habituales del top 50 de la ATP.
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